Como reloj suizo la muy putita se quita la ropa y aunque que haya aun gente en el negocio me invita a nuestra ya tradicional fiesta sexual. Donde el invitado soy únicamente yo, con todo lo que eso trae consigo. Ella es una cerdilla insaciable que no perdona la falta de interés, asi que mi trabajo es hacerla sentirse una verdadera puta y follarla por placer extremo.
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